Es algo extraño, pero el Rallye de Nueva Zelanda tiene por costumbre traer consigo sorpresas inesperadas...
En 2007 fue escenario de la carrera más igualada del Campeonato del Mundo de Rallyes, cuando Marcus Gronholm venció a Sebastien Loeb por sólo tres décimas de segundo.
Un año más tarde, Ford tenía casi en el bolsillo un doblete, pero en el último bucle todo cambió.
Esta vez la rueda de la fortuna ha dado un nuevo giro, y Citroën ha resultado ser la perdedora a pesar de tener la victoria al alcance de la mano en más de una ocasión.
Olivier Quesnel puede que esté maldiciendo este giro de la fortuna, pero para sus pilotos el vaso está siempre medio lleno. Sebastien Loeb se alegra de haber logrado finalizar en el podio y que su liderazgo en el campeonato siga intacto (aunque algo reducido), y también de no haber abandonado. "Durante el rallye tuve algunos problemas, más de lo normal," comentó posteriormente al final de la prueba. "Cualquiera de ellos me podía haber obligado a abandonar."
Sebastien Ogier se quedó a tres curvas de su primera victoria en su primera participación en el rallye de Nueva Zelanda, un trompo en el último tramo le hizo caer a la segunda posición. "Pero tengo que quedarme con lo positivo, más que con cualquier otra cosa," comentó el joven francés. "Hemos vuelto a demostrar que somos capaces de luchar en cabeza y es la primera vez que lidero así."

Jari-Matti Latvala fue al final quien consiguió alzarse con su primera victoria del 2010, casi sin esperárselo. Fue un cambio de papeles interesante: en términos generales, Latvala suele ser el protagonista en cuanto a rapidez, o bien gana o se sale de la pista, pero no suele ser el paciente aprendiz que espera a que las cosas vayan viniendo rodadas.
Sin embargo, en esta ocasión fue así como ocurrió. Latvala fue menos impulsivo que los demás, ni siquiera ganó un tramo, pero hizo una carrera limpia y recogió los frutos al final. Eso pone en evidencia la manera del finlandés de afrontar las pruebas de este año, de forma más calmada, comedida, y más de acuerdo con su papel de piloto número dos respecto a Mikko Hirvonen.
La estrategia ha funcionado: al controlarse, Latvala no sólo ha dejado atrás los excesivos daños que solía ocasionar en su coche, sino que también ha tenido su mejor comienzo de temporada. Aunque no era su objetivo, Latvala terminó superando ampliamente a Hirvonen en Nueva Zelanda. Es la prueba de que a menudo, menos es más.
Sin duda Latvala fue un justo ganador, y no fue una victoria cualquiera, ya que gracias a ella Ford se ha convertido en el constructor de mayor éxito de la historia del Campeonato del Mundo de Rallyes, desplazando a Lancia en el libro de los record.
Para Latvala es una gran hazaña que podrá añadir a su palmarés, y también una forma brillante de darle las gracias a Ford por confiar en él cuando algunas personas pensaban que no deberían hacerlo, especialmente después de Polonia el año pasado, cuando dejó escapar el segundo puesto a causa de un absurdo accidente en la Súper Especial final.
Pero lo cierto es que cualquiera de los tres primeros pilotos hubiera merecido ganar. Sebastien Loeb, por ejemplo, realizó la mejor actuación de toda su carrera el sábado, ganando todos los tramos y reduciendo una diferencia que parecía imposible de superar.
Tras un esfuerzo de tales dimensiones, el cual sus rivales describieron como "extra-terrestre", "increíble" e "impresionante", hubiera sido justicia poética que Loeb ganara.
Pero el hecho de que no lo hiciera es casi irrelevante, porque esos seis tramos de tierra posiblemente se recordarán para siempre como el mejor día que haya tenido jamás un piloto de rallyes.
Loeb estaba decidido a recuperar el tiempo perdido al chocar contra un puente el primer día de competición, y su dominio mandó un claro mensaje a sus rivales. El francés habla a menudo de correr al 90% durante gran parte de la temporada, y dice que su secreto es que nunca intenta ir más allá de su zona de confort. Pero está claro que en esas ocasiones en las que va increíblemente rápido, no está yendo al máximo, porque cuando lo hace es capaz de sacarles 22 segundos por tramo a pilotos que se encuentran en sus mismas circunstancias.
Más sobre lo que pensar: igual que los autobuses que se hacen esperar, otro francés llamado Seb ha aparecido justo detrás del primero. Pero a diferencia de los autobuses, es igualmente rápido y constante. Lo que Sebastien Ogier hizo en Turquía hace unas semanas fue impresionante, pero no del todo inesperado, ya que al tratarse de un rallye nuevo no contaba con la desventaja de tener menos experiencia que los demás competidores.
Nueva Zelanda fue otra historia. Loeb, por ejemplo, disputó la prueba por primera vez en 2004 y la ha ganado dos veces. Los revirados tramos de esta carrera requieren un estilo de pilotaje especializado que no se consigue en un día. Está claro que nadie le dijo esto a Ogier. Viendo lo ocurrido en esta carrera, es evidente que el ex Campeón del Mundo Júnior logrará su primera victoria antes de lo que se esperaba, y Dani Sordo necesitará un milagro, o una mejora contundente de sus resultados si quiere mantener su plaza en el equipo junto a Loeb para el año que viene.
Sordo realizó un rallye típico del español: fue rápido y constante, llegando a liderar la carrera el primer día, pero no hizo nada espectacular. Como piloto no hay nada malo en él. El problema que tiene Sordo es el título de constructores.
Ahora mismo la clasificación entre Citroën y Ford está muy igualada, y en el pasado el responsable de Citroën, Olivier Quesnel, siempre ha hablado a favor de Sordo, admitiendo que el joven español ha sido vital para las recientes conquistas del título de Citroën.
Eso era cierto en su momento, pero ahora Quesnel ve que Sordo les está costando puntos al no finalizar de forma regular por delante de Ogier. El francés hubiera sido una apuesta más segura para este año, ya que hasta ahora ha sumado más puntos, a pesar de su falta de experiencia. Cuando la cosa está tan igualada es así de simple. A no ser que Sordo pueda remediar esta situación, podría terminar frente a la puerta con el letrero de "salida".

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