
La historia viva del tradicional Mercado Hidalgo es recobrada por tres autores y dos fotógrafos para conmemorar los cien años de existencia de uno de los edificios más emblemáticos de la capital del Estado.
Y es a través del libro, “Mercado Hidalgo, un monumento centenario”, que La Rana, casa editorial del Instituto Estatal de la Cultura, reconoce sí la valía y trascendencia del histórico inmueble, pero también, es un homenaje a todas las personas que lo han mantenido por estos cien años: los locatarios.
En ese sentido, el trabajo del historiador Óscar Castañeda; y del arquitecto Anders Christian Werger, se ve complementado con una visión real de los comerciantes del mercado, realizado a manera de crónicas, por Luis Villalobos.
“Mi intención fue ponerlos frente al espejo y que ellos hablaran de sus propias experiencias. Son crónicas que incluyen algunos detalles de la entrevista y de la historia que cuentan los locatarios”, dijo Villalobos, quien precisó que este libro no es un “estudio social”, sino que el carácter del texto intenta reflejar la misma historia del mercado, desde adentro.
Así, en las más de 20 entrevistas que realizara Villalobos para la conformación del libro (que incluye un trabajo fotográfico a cargo de Luz Adriana Obregón y Mauricio Moreno), el autor encontró puntos en común entre los locatarios, esto es, una memoria colectiva que añora por el pasado.
“Hay una memoria colectiva: casi todos me hablaron de las mismas cosas, no sé si todo era totalmente verdad, pero casi todos me hablaron de la visita de la Reina Isabel, por ejemplo, o de cuando se llenaba los domingos y no se podía caminar por los pasillos; o de cuando los niños ayudaban a las mujeres a cargar sus canastas”, cuenta Villalobos enfatizando en la nostalgia el tiempo pasado.
Por tanto, algunos locatarios que se han mantenido por 4 o hasta 5 generaciones, enfatizan también en la falta de unidad que existe hoy entre los mismos comerciantes, quienes, por intereses económicos, gremiales y/o políticos, han conformado ahora al menos 4 grupos de trabajadores que ven por sus intereses.
En ese sentido, Villalobos comentó sobre el auge del comercio en el inmueble (que puede ubicarse a la mitad del siglo XX), mismo que representaba entonces el principal bastión de la ciudadanía y del creciente turismo.
Pero fue con la llegada de las grandes empresas o tiendas departamentales y especializadas, que flujo de mercancías y dinero en el Mercado Hidalgo comenzaron a disminuir, convirtiéndolo más en una atracción que brindaba servicio al turismo, que el centro de abasto de los guanajuatenses.
“Hubo periodo de auge pero con la llegada de tiendas especializadas como la Comercial Mexicana o Telas Parisina, dejó de ser el principal centro de abasto y ahora, su publico consumidor es otro enfocado más al turismo, aunque sigue siendo visitado por gente de la ciudad”, reiteró el autor.

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