
El secretario de Obra Pública Mario Ontiveros Orozco deslindó al Municipio de León de la poca seguridad con la que trabajan los constructores, que ponen en riesgo la vida de sus empleados.
“Al final el contratista tiene su problema. El tendrá que hacerle frente a las obligaciones civiles y a las obligaciones contractuales como patrón ante el Seguro Social de lo que sucedió. A mí en lo particular me interesa la obra”, declaró.
De acuerdo al funcionario, la dirección no tiene facultades para revisar las condiciones en las que trabaja el personal de las constructoras y tampoco para imponer sanciones en caso de que estén en riesgo.
A la dependencia solamente le corresponde revisar la seguridad de los avances físicos de la obra y no de las personas que trabajan en ellos.
El martes pasado, dos hombres murieron al caerles varias toneladas de tierra encima, cuando trabajaban dentro de una zanja para instalar tubería para el drenaje, en el bulevar Delta en la colonia Valle de Jerez III.
Por lo menos cuatro trabajadores más fueron testigos del accidente y también estuvieron en riesgo.
“La realidad es que todos estos acontecimientos, en mucho es responsabilidad de las empresas”, declaró Ontiveros Orozco.
Los inspectores de Obra Pública revisan el desarrollo de la infraestructura.
Y después del incidente, tienen la instrucción de hacer recomendaciones a las constructoras cuando vean que falta seguridad a los trabajadores. Pero sus facultades no van más allá.
“Nosotros no tenemos las facultades. Simplemente observamos”, dijo el funcionario.
En el Centro de León, frente a la Presidencia, trabajan más de 15 hombres sin las medidas de seguridad necesarias.
Como parte de la rehabilitación del Centro Histórico, embellecen la fachada del Portal Aldama y al mismo tiempo “apuestan” su vida.
Utiliza un mecate como arnés, para pintar un tercer piso o se sostienen sin mayor protección a más de 10 metros de altura.
Otras veces suben un andamio sin mayor protección o herramienta que sus manos.
En la Vía Bicentenario sucede lo mismo: más de 150 hombres trabajan, muchos de ellos sin protección, en la construcción del primer puente en el cruce con el bulevar Morelos y bulevar a Luz.
Sin cascos, ni guantes que los protejan, los trabajadores pasan por debajo del puente, donde sus compañeros trabajan con martillos, barras de madera y cemento.
Su única “protección” consiste en una gorra para evitar los rayos del sol.
Y debajo del puente parece un campo de batalla de tierra, donde al caminar hay que evadir alambres de púas, varillas, trozos de madera, desniveles y escombros.

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