El Tetris se roba nuestra atención al crear tareas incompletas de manera continua. Cada acción del juego nos permite resolver una parte del rompecabezas, llenando las filas para que desaparezcan. Pero al tiempo se generan trabajos que están por terminarse.
Una cadena de estas soluciones parciales y tareas sin resolver que se generan sin parar puede fácilmente extenderse por horas, cada momento lleno del mismo estilo de satisfacción que se produce al rascar una ampolla.
El Tetris está disponible en todo tipo de plataformas, desde tabletas hasta viejas computadoras, y tiene miles de versiones.
El Tetris es un mundo fácil visualmente, y las soluciones se pueden probar usando las cinco teclas de control (mover a la izquierda y a la derecha, rotar a la izquierda, rotar a la derecha y tirar abajo). Estudios de jugadores de Tetris muestran que las personas prefieren rotar los bloques para ver si encajan en vez de pensarlo.
Cualquiera de los dos métodos podría funcionar, por supuesto, pero el Tetris crea un mundo donde la acción es más rápida que el pensamiento, y esto es parte de la razón por la que es tan absorbente. A diferencia de la vida, el Tetris crea una conexión inmediata entre nuestras formas de ver un problema y los medios que tenemos disponibles para resolverlo.
El efecto Zeigarnik describe un fenómeno, pero en realidad no da una razón de por qué ocurre. Este es un truco común de los psicólogos. Pero una explicación plausible de la existencia de este efecto es que la mente está diseñada para buscar soluciones en medio de un mundo de objetivos. Si estos se logran, la cabeza se enfoca en otros nuevos.
Los juegos de preguntas se aprovechan de esta orientación a los objetivos al frustrarnos hasta que encontramos una respuesta. El Tetris va un paso más allá al crear una cadena continua de objetivos frustrados, aunque cerca de ser satisfechos.
Como un parásito inteligente, el Tetris se aprovecha de la tendencia de nuestra cabeza a querer hacer cosas y la usa en nuestra contra.
Podemos seguir con esto por años, disfrutando de las satisfacciones de corto plazo que provee ordenar los bloques, incluso cuando una parte de nosotros más sabia y madura sabe que el desorden del Tetris es interminable. Que el Tetris, en conclusión, no tiene sentido. Pero ningún buen juego lo tiene, ¿verdad?


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