La
simple visión de una jeringuilla provoca el terror en algunas personas y
puede llegar a ser un problema médico. Durante muchos años, los
facultativos han buscado la forma de conseguir que la aplicación de una
inyección sea menos dolorosa, pero al final hay que hacer pasar la aguja
por la piel y provocar un pequeño pinchazo que algunas personas (1 de
cada 10 según algunos estudios) no pueden soportar.
¿Por qué se produce este curioso fenómeno? La explicación es pura neurociencia y tiene que ver con la manera en que nuestro sistema nervioso transmite las sensaciones de dolor hasta el cerebro a través de la espina dorsal. "Nuestros resultados preliminares sugieren que aplicar presión y vibración antes de clavar la aguja podría reducir de forma significativa la sensación de dolor cerrando la puerta que envía las señales de dolor al cerebro", explica MacKay.
En su camino hacia el cerebro, las señales de dolor viajan por los nervios hacia la espina dorsal a través de una serie de 'puertas'. Lo que saben los neurocientíficos hace tiempo es que si ocupas algunas de esas puertas a la vez con otras sensaciones (en este caso vibraciones y presión) atenúas la señal de dolor principal y la persona lo nota menos. Como si engañáramos momentáneamente al sistema nervioso con una pequeña distracción, como cuando te pellizcas en otra zona del cuerpo para atenuar el dolor de un tirón o cuando sientes alivio en una herida por el mero hecho de presionar.
El estudio es solo una prueba muy preliminar, pero si cae en manos de alguna compañía que quiera innovar, tal vez no tardemos mucho tiempo en ver agujas indoloras en el mercado, que apliquen una vibración y una presión previas al pinchazo en la zona donde se va a aplicar. Y el futuro será, para aquellos que tengan que pincharse con frecuencia, menos doloroso.


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